Consejos para viajar barato

Métodos para ahorrar de viaje

Uno de los principales problemas a la hora de enfrentarse a un viaje es que muchas personas lo entienden como sinónimo de lujo, calidad y descontrol. En algunos casos es así. Especialmente cuando sólo se cuenta con un corto periodo de vacaciones al año.

Muchas personas sueñan con vivir viajando. El error está en que en la mayoría de esas fantasías no están ajustadas a un presupuesto, como sí lo está la realidad. Para el nómada, o aquel que quiera viajar con un presupuesto ajustado, reducir el dinero a gastar es fundamental. Aquellos que no cuentan con un domicilio fijo no tienen por qué ser millonarios, nada que ver. Se prioriza poder viajar cuanto más y a cuantos más lugares sea posible que grandes lujos en un corto periodo de tiempo.

Viajar no es caro, lo que son caros son los lujos. Por supuesto que hay que fijar unos límites que son diferentes para cada persona, pero sacrificando algunos caprichos vacacionales, se puede viajar de forma muy barata y cómoda.

Los siguientes consejos van en esa línea, pequeños gestos que pueden reducir en gran medida los gastos durante un viaje, más allá de cómo encontrar vuelos baratos, y que demuestran que viajar sí que está al alcance de todos los bolsillos.

  1. Ser flexible. En esto se podría resumir el artículo. Cuando uno se deja llevar, se adapta a la situación y no persigue descubrir un destino en concreto, entonces es cuando más se puede ahorrar.
  2. Viajar en temporada baja. Es muy común querer viajar en verano, durante el fin de semana o a los lugares de moda. Sin embargo, al alejarse de estos parámetros se encuentran precios reducidos incluso hasta en menos de la mitad de lo que se cobra en temporada alta en la gran mayoría de destinos. Además, en esas fechas se pueden disfrutar de otras ventajas, como visitas a espacios emblemáticos sin perder el tiempo en colas, lo que dota de otra perspectiva a ese sitio.
  3. En lugar de elegir un destino concreto, ir donde sea más barato. Esto puede sonar a viajar a un lugar que no tiene nada para ver, mientras se deja de visitar las grandes maravillas del mundo. No es cierto. Siempre que se mantenga la mente abierta, elegir el destino más barato supondrá perderse por rincones desconocidos, encontrar culturas totalmente diferentes y dejarse llevar por zonas no tan turísticas donde abunda la población local. Pero no, no significa dejar de disfrutar de algunos de los lugares más conocidos del mundo. ¡Montándoselo bien el destino más barato también puede ser Londres, Roma o Nueva York! Tan sólo basta con elegir bien las conexiones, la temporada y, como en todo, ser flexible.
  4. No tener prisa por llegar a un destino. A veces las mejores vistas, los espacios más interesantes y más sorprendentes se encuentran gracias a tomar la ruta más larga, y más económica, hasta ese paraje soñado. Tan sólo hay que dedicarle un poco de tiempo a buscar esas alternativas.
  5. Establecer prioridades. Comprar recuerdos para aquel familiar de Cuenca está muy bien, pero seguro que él aprecia eso tanto como una llamada telefónica para contarle la última aventura en aquel destino tan extraño y cautivador. Claro que está permitido gastarse el dinero en recuerdos, pero cada uno debe establecer un presupuesto que incluya posibles caprichos y marcar un límite. Así como es imprescindible tener presente el espacio que se posee en la maleta, para no pagar de más en el aeropuerto.
  6. Olvidarse de los “por si acasos”. Escoger bien la ropa que se van a incluir en la maleta, los modelos que más peguen y recordar que menos peso es igual a menos dinero a la hora de tomar un avión y hasta un taxi. Si se viaja dos días, la maleta no puede tener más atuendos de los que realmente se van a utilizar, o terminará aumentando el precio del billete, tan sólo por pasear ropa que no va a salir de la mochila.
  7. Alimentarse bien sí, delicatessen no. Una de las características más comunes de los viajes es tirar la casa por la ventana y salir a comer fuera cada día. Algo que está muy bien cuando uno se lo puede permitir, pero que no ayuda en nada cuando lo que se pretende es ajustar un presupuesto muy bajo. Comer de supermercado no es tan deprimente como puede sonar, ya que en muchos países se pueden encontrar platos del día por menos de 1€, que no está nada mal ni de precio ni de sabor. Además de eso y de los bocadillos, también es recomendable aprovechar las cocinas que incluyen los alojamientos, ya sea privada o compartida como en el caso de los hostales, o huir del centro para buscar un restaurante en el que coman los locales, siempre será mucho más barato y mucho más típico.
  8. Flexibilidad a la hora de elegir alojamiento. Cuando se viaja para una larga temporada, lo mejor es tener una cama cómoda y una habitación privada para poder trabajar. Pero esto aumenta mucho los precios, así que no es mala idea plantearse el alojarse en hostales, albergues o Airbnb donde se cuenta igualmente con una cama donde descansar, espacios y Wi-Fi para trabajar tranquilamente y, además, sumado a la oportunidad de conocer a viajeros de todo el mundo. Compartir habitación es seguro. Miles de personas duermen en estas condiciones cada día y, por lo general, no se sufre ningún inconveniente. Pero cada uno es libre de elegir dónde quiere establecer sus límites. Eso sí, es fundamental siempre consultar las opiniones que vuelcan en internet aquellos que ya hayan pasado por allí, o si no lo barato te puede salir muy caro.
  9. Investigar sobre el destino con antelación. Es una manera de descubrir nuevos parajes que visitar y de averiguar si se necesita comprar entradas con antelación para no esperar colas. Muchos museos abren sus puertas de forma gratuita los primeros domingos del mes, con una investigación previa, se puede calcular mejor el viaje para que coincida con esta oportunidad. O quizá en tal fecha se celebra un día especial, un concierto en la calle, una feria gratuita… No hay peor sentimiento que perderse algo por haber llegado justo al día siguiente de que acabara, cuando perfectamente se podía haber elegido llegar antes. La anticipación es clave para evitar estas situaciones.
  10. Llevar una cantimplora en lugar de una botella de agua. Este recipiente pasa sin problemas los controles de los aeropuertos, siempre que esté vacío, por lo que evitará que tenga que pagarse altos precios por una bebida en el avión. Otro motivo por el que hacer este cambio es que, gracias a su composición, resiste mucho más tiempo que una botella de plástico. ¡Además de ser mucho más beneficiosa para el medio ambiente!
  11. En un viaje en coche, fijarse en el precio de la gasolina en los distintos puntos por los que se pase, no esperar a tener el depósito vacío. Muchas veces, dentro de una ciudad es mucho más barato que en medio de la carretera. Por lo que vale más repostar a medio depósito que esperar y pagar de más. Unos céntimos hacen una gran diferencia en estos casos.
  12. Disfrutar de los freetours. Se pueden encontrar en la mayoría de ciudades grandes europeas. Se trata de visitas turísticas ofrecidas por personas locales, o que viven en esa ciudad desde hace mucho tiempo, y que lo hacen únicamente a cambio de propinas que se dan al final. Muchas veces, se paga a guías que lo único que hacen es reproducir un audio muy aburrido, sin interacción y que cuando termina tan sólo hace pensar en cómo se ha desperdiciado el dinero. Con los freetours esto no pasa. Cada uno es libre de decidir el precio que ha valido esa experiencia y el trabajo del guía, y si no está conforme con la ruta, se puede abandonar en cualquier momento. Además, se aprenden muchos datos curiosos a los que no siempre se puede acceder, ya que estos guías se esfuerzan mucho en que se disfrute la experiencia para obtener mayor propina. Obviamente, hay guías oficiales que merecen mucho la pena y que pueden ofrecer grandes servicios. Si se prefiere optar por ellos, lo mejor es consultar previamente en internet las opiniones de otros viajeros, así se evitará pagar por un servicio que no merezca realmente la pena.

 

Imagen destacada original: Pixabay

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